Carlo Scarpa. Tomba Brion. 1968.
| Un arquitecto contemporáneo anularia la esquina y los marcos escalonados. Y entonces, el resultado seria ORDINARIO. #arquitectura |

Ya he comentado muchas veces (no se si aquí o en sueños) el daño que ha hecho la mala interpretación del minimalismo al proyecto arquitectónico. Se ha confundido la idea de volver a lo fundamental con una tendencia decorativa perecedera.

Fabián, mi profesor de Interiorismo en el IED, dijo sabiamente en una clase que ser minimalista consistía en volver a “la esencia”, no en pintar todos los muros de blanco y anular molduras, marcos y junquillos... Ni resulta adecuado, por cuestiones de aislamiento térmico y acústico, ni es conveniente para todo espacio y situación.

Así, sin carpintería ni color, la estancia parece un *baño gigante*. Y el confort y la calidez desaparecen. Yo misma sufrí las consecuencias de ser *tendenciosa*. Diseñé mi propio apartamento como si fuese una oficina, y a día de hoy, donde más tiempo me gusta pasar es en el dormitorio, la habitación menos fría por la presencia de texturas.

La vivienda está bien planteada, la distribución es correcta, y por que no decirlo, a la gente le gusta mucho. Pero mi autoexigencia no me permite estar satisfecha siete años después de haberla proyectado. Es lo que suele ocurrir cuando uno decora *a la moda* sin partir de un concepto sólido, claramente enfocado. Ahora le daría más vida, más sentimiento, más *punch* (todos evolucionamos con el tiempo, y también es verdad que ya no tengo miedo a equivocarme. La experiencia es un grado). Me permití unas concesiones *kitsch* que no perdería: los cuadros de Ikea, los vinilos neoyorkinos con las letras de la canción de Sinatra y la mampara con dibujo de Liechtenstein (dejo claro que soy una gran admiradora del Pop Art) Bueno, además, la alfombra es de Leroy Merlín (hay más cosas, a quien me las pregunte, se las cuento). En esta imagen, muestro una perspectiva de la zona de día.

Menos mal que solo experimento conmigo misma. De un tiempo a esta parte, siempre trato de prever las sensaciones que quiero transmitir. Y empleo superficies avejentadas, marcos, contrastes… El blanco liso e impoluto, desde mi entender subjetivo, implica cierta falta de carisma.

En la imagen anterior, muestro un edificio profundamente minimalista (en tendencia). Resulta bello, escultórico, pero poco confortable y sostenible. Sus paredes parecen querer decir: “no te acerques, que me manchas”.

Las *molduritas scarpianas* distinguen la fachada del mausoleo con solemnidad. He escogido la imagen porque aquí, lo que destaca, precisamente, es lo que muchos profesionales criticarían, *el ornamento*.

Y esperad, que esta será la primera de muchas imágenes con adornos. Viva la forma. Que da lustre y esplendor.

Normalmente suelo incluir una *formula químico-arquitectonica* al final de mis post. Una reacción que obedece a la suma de varios ingredientes, componentes, actitudes. Como se les quiera llamar. Pero solo haré mención, en este caso, a lo siguiente:

– Minimalismo mal Entendido

(No al blanco por el blanco y al vidrio con silicona porque si) 😉