Un arquitecto feliz “flows”

| Si Burnham se hubiese asustado ante el reto de proyectar el edificio Flatiron en Nueva York (“la plancha”) probablemente no hubiera pasado a formar parte de la historia de la Arquitectura. No veamos impedimentos, descubramos posibilidades.  |

La crisis nos convirtó en “facilones”. Todas las opciones de desarrollo de proyecto, a priori, eran buenas. Siempre se partía de un espacio óptimo, de un concepto plausible, de un cliente con crédito. Éramos felices. Ahora, empezamos a tener que adoptar el papel de psicólogo, analista financiero, ingeniero: profesionales que para mí, no son sino grandes “solucionadores de problemas”. Auténticos “Doctores Lobo” a lo Pulp Fiction (tú cometes el crimen, yo arreglo “el tomate”).

Y además, hay que resolver el conflicto (en este caso, el proyecto de Arquitectura) con brillantez. No vale con una solución constructiva acertada (es decir, con que “no se caiga”). Ha de ser bella, y compatible con la función del recinto.

A nosotros ya no acuden con una demanda, sino con multitud de preguntas. Y debemos estar preparados para ellas. Desde mi punto de vista, es ahora cuando el arquitecto puede y debe desarrollar otra función en paralelo: la de “coach”, iniciador, y facilitador. Y llevar a cabo una magnífica labor social. Pero para ello resulta conveniente afrontar con optimismo situaciones críticas con los clientes que nos visitan:

El joven emprendedor de servicios profesionales

Parece que sabe lo que quiere y está enamorado de su idea. Ello implica absoluta subjetividad. La validez de su proyecto no sólo depende de sus previsiones, sino de que el mercado lo encumbre (un mercado que en la actualidad, se halla en constante cambio).

Si nuestro cliente es una mujer, se ha de conectar emocionalmente con ella y darle una perspectiva original de su concepto. Un hombre suele preocuparse más por los números y los metros cuadrados. Hablamos, por supuesto, de generalidades y primeras impresiones. Puede parecer un comentario machista, pero no lo es.

Las mujeres creen en su intuición, confían en una idea de proyecto y sacan fuerzas de flaqueza para desarrollar un Plan de Empresa con un punto de partida que les involucre. Normalmente el hombre se plantea cuestiones más prácticas (cabe o no cabe, cuesta o no cuesta). Y por eso, aunque nuestra intención es siempre la misma (hacer realidad su proyecto) la forma de dirigirnos a ellos no puede ser igual.

Desde mi punto de vista, no sólo debemos realizar una buena distribución y entregar un proyecto de Licencia de Actividad. En Arquitectura, se ha de partir de un buen concepto. En un Modelo de Negocio también. ¿Vemos posibilidades a su actividad? Si no es así, ese comercio cerrará. Y a mí no me gusta publicar en una revista un espacio impactante que cierra sus puertas en un año.

Yo les pregunto cómo van a orientar su Identidad Corporativa, si han pedido financiación, planifico la promoción… El arquitecto, como profesional autónomo, generalmente ha tenido que solventar todas esas cuestiones con anterioridad. Recordad: Solucionamos problemas. No dejéis que los árboles os impidan ver el bosque.

El empresario que busca darle un aire nuevo a su local.

Controla las cifras y sabe lo que quiere… Pero nos deja poco margen de maniobra. Es lógico teniendo en cuenta que conoce su negocio mejor que nadie.

Pero remarco que nos encontramos en una época de cambio. En la que se ha de apostar por la creatividad y la diferenciación. Y no se puede ofrecer más de lo anterior.

| Nos encontramos con un posible comprador mucho más exigente y con mayor cultura visual, dada por internet y la imposición de un mundo globalizado. Para eso hay que innovar, no sólo “darle barniz” a la pared |

Nuestro cliente es una persona ejecutiva y generalmente poco acostumbrada a delegar. Para convencerle de nuestra valía debemos demostrarle que se halla frente a un igual en cuestiones profesionales, con argumentos incuestionables y sin cesiones. No con un monólogo. la opción elegida ha de estar siempre consensuada por ambas partes.

Y no valen cuestiones poéticas ni obviedades. Hay que ser capaz de establecer unas pautas basadas en la coherencia y el sentido común, buscando lugares comunes con los que todos empaticemos, a pesar de que a priori parezca que tengamos distintas opiniones, para poder hablar un mismo lenguaje. Buscad su implicación paulatina (y la vuestra), y al final os mirarán con confianza.

No ha que competir ni ser intransigente. Si tienen hijos y vosotros también, tratad el tema. Si teneis amigos en común, tratad el tema. Si os interesa que su local obtenga la máxima rentabilidad con un bonito diseño, convencedles con cotas, tablas de excel… y luego, convertidlas en herramientas para construir sueños.

El matrimonio que busca la casa de sus sueños.

Para mí, es el potencial cliente más complicado. Pero también resulta altamente ilusionante. Suelen venir con un croquis, un programa de necesidades muy bien planteado (y muy a menudo con grandes incumplimientos de normativa).

Este tipo de proyecto es el que más me suele gustar emprender. Las viviendas de autopromoción se construyen con un único fin: hacer felices a sus propietarios. Ni revenderlas, ni sacarles rentabilidad. Así que están tan implicados con el proyecto que conquistarlos es “misión imposible”.

Por ello, sobre todo en estos casos, investigo sus vidas: sus cualidades, demandas de privacidad y temperatura, manías, costumbres, deseos, incompatibilidades, aficiones, trabajos, planes futuros… La casa soñada de mis clientes ha de ser fiel reflejo de sus pasiones y voluntades.

Con ellos no suele ser suficiente dibujar planos en AutoCad, también hay que hacer maquetas o infografías. Porque, por desgracia, a veces los arquitectos hablamos en otro idioma. No somos conscientes de que nos entiende poca gente, por no decir nadie. Y una imagen vale más que mil palabras.

Yo normalmente, suelo dibujar el proyecto que me indican y luego, les enseño mi propuesta, que por supuesto cumple todos los requerimientos de uso, métrica y programa, pero además presenta mejoras no previstas: piscinas en lugares insospechados, patios que sorprenden junto a las zonas de día, un extra de privacidad en las alas de invitados… Porque quiero darles calidad de vida y que se sientan orgullosos del recinto que comparten con su familia y amigos.

| Hace poco conocí a una persona que me hizo descubrir que no es tan importante el objetivo como disfrutar por el camino. Coge de la mano a tus clientes y hazles vivir la historia de tu proyecto como si fuera un sueño, no una pesadilla. Y seguro, segurísimo, que llegarás a un final feliz ¿Para qué? Para ser un arquitecto feliz. |